Espacios de gran valor ecológico, geológico y cultural que no alcanzan la categoría de Parque Nacional pero que son fundamentales para la conservación de la biodiversidad española.
Los Paisajes Protegidos son piezas clave del mosaico de conservación español. Muchos de ellos son Reservas de la Biosfera, Zonas de Especial Protección para las Aves o contienen hábitats prioritarios de la Unión Europea.
Actúan como corredores entre Parques Nacionales y permiten el movimiento de especies. Sin ellos, muchas poblaciones quedarían aisladas.
Muchos contienen paisajes agrarios tradicionales, arquitectura vernácula y conocimientos locales que forman parte del patrimonio inmaterial.
Incluyen sierras, humedales, estepas, dehesas y costas que no están representados en la red de Parques Nacionales.
Están más cerca de zonas pobladas. Su conservación depende de un equilibrio delicado entre uso tradicional y protección.
Los Paisajes Protegidos tienen figuras legales distintas según la comunidad autónoma, pero comparten principios comunes de gestión.
Define qué se puede hacer y dónde. Divide el territorio en zonas de reserva, uso compatible y áreas de influencia.
Los consejos de participación incluyen ayuntamientos, propietarios, asociaciones y científicos. La gestión no se decide solo desde la administración.
La ganadería extensiva, la agricultura de secano o la recogida de recursos forestales suelen estar permitidos cuando se mantienen de forma sostenible.
Urbanismo restringido, prohibición de ciertas infraestructuras, regulación de actividades deportivas de alto impacto.